Se miró al espejo, su reflejo con sorna pareció guiñarle un ojo. Era el cansancio, ese calor insoportable le amodorraba de tal forma que era incapaz de mantenerse su propia mirada. Una gota de sudor recorría perezosa su frente, su respiración era profunda, con cada inspiración sus párpados se dejaban vencer unos segundos. Iba completamente desnudo, en su cama una mujer de la que no recordaba el nombre dormitaba entre sabanas que tendría que echar a lavar en cuanto se marchase. Era morena.
Levantó la mirada hasta sus propios ojos; era un imitador de Dorian Gray, eso si mucho más guapo. Ella se despertó, se desperezó girando sobre sí misma mostrando sus firmes pechos. El cerró los ojos ocultándose de su reflejo, luego volvió a la cama.
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