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Número 23 | Agosto de 2008
Castillo
 
Chapultepec, vigía de la ciudad de México
Juan Antonio Narro Prieto
 
Tenía la intención de escribir algo de mi reciente viaje a México. Pensé hacerlo de su capital, pero me di cuenta de la imposibilidad real de resumir tanto en unos pocos párrafos. Por esta razón, me centraré en algún “escenario” de esta metrópoli que, con cierta intensidad, venga a mi memoria cuando trato de recordar esta preciosa ciudad, la más poblada del planeta.

Pues bien, parecen recurrentes los recuerdos de las inigualables vistas que se obtienen desde el castillo de Chapultepec.




La fachada del castillo.

Efectivamente, al estar situado en un cerro, en medio del gran bosque del mismo nombre, se obtienen panorámicas realmente únicas y, en mi opinión, de las mejores que Distrito Federal.

Este castillo, más palaciego que defensivo, se comenzó a construir, allá por el siglo XVIII, aprovechando la ventaja que supone el estar situado en un alto.




El monumento a los Niños Héroes.

El lugar, sin duda alguna, está lleno de historia. En este recinto varios soldados mexicanos murieron defendiéndolo frente a las tropas de Estados Unidos, y aquí tuvo su hogar el emperador Maximiliano y su esposa Carlota. Años después, fue también residencia oficial de distintos presidentes de la República para convertirse ahora en museo y lugar de visita de numerosos turistas y escolares.

Empecé escribiendo sobre las vistas que se pueden conseguir desde este particular promontorio. Hay una, a mi entender, digna de ser destacada sobre las demás. Me refiero a la muchas veces repetida en libros y guías de viajes donde, como fondo, tenemos el Paseo de la Reforma (una de las grandes arterias de la ciudad), con el monumento a la Independencia a lo lejos y, casi a nuestros pies en primer plano, las seis inmensas columnas blancas que conforman el monumento a los Niños Héroes, en recuerdo de los seis cadetes que prefirieron lanzarse al vacío antes de rendirse, en 1847, a las tropas estadounidenses.

Podemos subir andando hasta el castillo. Es cierto que resulta algo cansado pero no en exceso. De todas maneras, existe un pequeño “tren turístico” que nos lleva por un módico precio hasta las puertas de nuestro destino.

Por cierto, ya que estamos aquí visitaremos el bosque de Chapultepec (nombre en náhuatl que significa colina de los saltamontes). Es un auténtico pulmón verde donde los lugareños acostumbran a pasear los fines de semana. Son cientos de hectáreas que esconden un zoológico, un lago y varios museos (entre ellos, el Museo Nacional de Antropología).




Los interiores del jardín del castillo.





 
Publicado el 1 de julio de 2008 a las 00:00 horas. | Imprimir
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