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| El enano y el biocombustible |
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| Pablo Reguera | |   | Recuerda sin duda a una trampa vieja del cine, véase por ejemplo en Mago de Oz, donde un enano controlaba las radiales de un gran monstruo o un gigante. Lo mismo sucede con el biocombustible, vendido al principio como panacea contra los males ecológicos del mundo y ya tan apedreada desde tantos sectores y tan duramente que quienes la defendieron ahora se pasan los informes y subvenciones bajo mesa, sin querer hacer ruido no sea que pronto les salpique la... suciedad del asunto.
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Desde el Fondo Monetario Internacional ya se reconoce que el destino de tierra de cultivo a biocombustible está directamente relacionado con la subida de precios de materias primas de nuestra economía, tales como los cereales, el aceite, etcétera, sin que se vea, por otra parte, compensado sobre el precio de los combustibles, cada vez más prohibitivos.
Tema aparte, nos encontramos ante una situación recrudecida, como si fuéramos a despertar de la virtualidad del progreso económico más que sujetarnos a la idea de que simplemente dimos un paso atrás y señalemos a los adecuados políticos como responsables de la situación.
Lo cierto es que no hay progreso en un aspecto sin contar con una lógica renuncia de otro aspecto, y esto es así desde que los bienes son considerados (muy cabalmente) como finitos. Entonces, ¿de dónde sacamos el crecimiento anual del país, y la esperanza de que éste nos llevará a algún tipo de utopía? La Utopía socialista ha cambiado. Ahora la Utopía es lograr un sistema que lleve a todos a progresar eternamente en el plano económico.
Claro, que para ese esfuerzo en el que todos nos hemos abocado alegremente no tenemos en cuenta la lógica contrapartida, a la que ni siquiera tenemos que renunciar nosotros, sino que tienen que renunciar los otros. Y es que si la subida de precios de estas materias primas se puede ver justificada como un ajuste para que el sistema no explote, en las zonas pobres bordean otra situación límite.
Una larga lista de países subdesarrollados está pidiendo incrementos urgentes en la ayuda alimentaria, ya que la sustitución de cultivos alimenticios por biocombustibles ha provocado un descenso en la cantidad: ya no hay suficiente para todos. Y en la subasta los que no pueden pagar son los de siempre.
Peter Brabeck, máximo gerente de Nestlé, resume la situación de un modo muy gráfico: "Si se quiere cubrir el 20 por ciento de la necesidad creciente de productos petroleros con biocarburantes, como está previsto, no habrá nada que comer".
Y yendo más allá, el mismo sentencia duramente contra las medidas del FMI que "otorgar enormes subvenciones para producirlos es inaceptable moralmente e irresponsable".
Como que están subvencionando la hambruna, en pocas palabras. Ésta es la verdadera Europa, o al menos el enano que maneja el gigante.
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| Publicado el 1 de mayo de 2008 a las 00:00 horas. | Imprimir |
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