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| San Diego, la perla del Pacífico americano |
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| Graciela Padilla Castillo | |   | Recorrer la costa de California en coche supone un bello viaje de poco más de dos horas. Apenas 200 kilómetros separan Los Ángeles de San Diego, la joya del Pacífico y el destino vacacional favorito de los norteamericanos. Oceanside, Carlsbad, Leucadia, Encinitas, Solana Beach, Del Mar, La Jolla, y Coronado, de norte a sur, son algunas de las localidades que ofrecen el mejor turismo playero del país. Pero San Diego es la reina de todas ellas desde 1769.
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En aquel año, Fray Junípero Serra fundó la primera misión cristiana. Ese hecho le da sabor español a la ciudad, amable y calurosa todo el año. Si no te gusta viajar en coche, la ciudad tiene aeropuerto y todas las grandes aerolíneas norteamericanas cuentan con vuelos directos desde las principales ciudades del país. Ya no queda ninguna excusa para no llegar hasta San Diego.

Vista del downtown de San Diego.
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Incluso la oferta hotelera merece por sí sola una visita. La mejor opción es alojarse en el hotel The US Grant. La placa en su fachada avala que es el hotel más antiguo de la ciudad, una pequeña joya arquitectónica con servicio excelente. Además, fue renovado en el año 2006 y la mezcla de lujo antiguo y moderno es exquisita. Si tu bolsillo no lo permite, la oferta de la ciudad es inacabable: Westin, Sheraton, Omni, Hilton, Marriot o un gigante Hyatt de dos colosales edificios. Por situación, The US Grant vuelve a ganar por estar en frente de Horton Plaza, el gran centro comercial y de ocio de la ciudad, y al lado del centro de convenciones de San Diego. Pero las distancias son muy cortas. Puedes ir andando a cualquier sitio. Si no te ves con fuerzas, hay pequeños taxis-bicicletas en los que te llevarán rápidamente a cualquier parte.
Después de elegir transporte y hotel, puedes empezar la visita turística. La toma de contacto perfecta es un pausado paseo por Gaslamp Quarter, la arteria principal de la ciudad. En 1880 sólo contaba con 16 edificios y era un lugar peligroso de robos y prostitución, pero de aquello no queda ni el recuerdo. En 1980, la avenida se convirtió en Distrito Histórico Nacional y cuenta con decenas de restaurantes, tiendas y lugares de ocio. La bella arquitectura nos habla del siglo XIX y de Wyatt Earp, por lo que es recomendable ver sus edificios a la luz del día. Y cuando anochezca, lo mejor es reponer fuerzas en cualquiera de sus restaurantes. Comida americana, italiana, mexicana, oriental o española; todo tiene cabida en esta emblemática ciudad.
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Portaaviones Midway.
| Si el tiempo lo permite, lo mejor es acabar el paseo en el puerto. Allí nos espera el museo-portaaviones Midway. La entrada cuesta 20 dólares y nos permite ver hasta el último rincón del gran aparato. Pero la magnitud se puede comprobar igual desde fuera y los más pacifistas preferirán sólo un crucero por la bahía. Con audio-guía, copa de champán y cena a la carta, podrá ver la ciudad más azul, sus edificios más importantes desde el agua y gran parte de la flota militar del Pacífico.

Balboa Park.
| | Pero volvamos al San Diego más antiguo. En coche o autobús, puedes desplazarte a Balboa Park. Su nombre se lo debe al explorador español Núñez de Balboa, que vio el Océano Pacífico desde aquellas tierras en 1513. El parque se fundó más tarde, en 1892, pero sus jardines y sus magníficos edificios-museo de arquitectura colonial no pierden por ello su belleza. Esta visita requiere una mañana entera y como la oferta gastronómica es demasiado cara, lo mejor es desplazarse al Old Town para comer. Allí nos espera el Bazar del Mundo, un gran mercadillo variopinto repleto de tiendecillas y restaurantes mexicanos en donde se aloja otra de las edificaciones más antiguas de la ciudad: la Casa de Estudillo.

Interior de la Casa de Estudillo (1829).
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Dormitorio principal de la Casa de Estudillo (1829).
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Cementerio Rosecrans con San Diego al fondo.
| Y por la tarde, sólo se puede barajar una opción. Lo más bello de la ciudad, lo dejamos para el final: el cementerio Rosecrans y el Parque Nacional Cabrillo, una maravilla natural con vistas excelentes. Entre noviembre y marzo el lugar es famoso por el avistamiento de ballenas. Miles de turistas se desplazan para presenciar la bella migración natural de estos animales. Pero la visita merece la pena todo el año. ¿Necesitas más razones para conocer San Diego?
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| Publicado el 1 de mayo de 2008 a las 00:00 horas. | Imprimir |
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