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Raíles
Anna Del Vando R.
Sentado en las vías rascaba con una rama el óxido que se había apoderado de aquellos raíles.
En cada palmo de hierro y acero había renunciado a algo. Para compensar a sus hijos las largas ausencias les prometió que cuando estuviera terminada viajarían por ella todos juntos.
Después de cuarenta años de trabajo a pulmón se les comunicó que el ancho de vía había quedado obsoleto. Se recostó sobre las vías, cerró los ojos y respiró profundamente a la espera de un tren que jamás llegaría.
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