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Año VI • Número 58 • Septiembre de 2011
Instalación en la azotea del Reina Sofía
 
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Francisco López: Ruido y nueva cotidianidad


Carlos Nistal


¿Acaso el mundo no debería ser ruidoso? ¿Es mejor la naturaleza cuando esta más tranquila? ¿Son las maquinas malas porque hacen mucho ruido? Según Francisco López, el innato mal de las maquinas es un concepto occidental basado en las ideas del Romanticismo naturalista

Francisco López: Ruido y nueva cotidianidad.

¿Acaso el mundo no debería ser ruidoso? ¿Es mejor la naturaleza cuando esta más tranquila? ¿Son las maquinas malas porque hacen mucho ruido? Según Francisco López, el innato mal de las maquinas es un concepto occidental basado en las ideas del Romanticismo naturalista, que concebía la naturaleza como madre protectora y a su silencio como tranquilidad de espíritu. Los futuristas y los dadaístas incorporaron el ruido como material expresivo en sus obras. Luigi Russolo decía “Disfrutamos mucho más combinando idealmente los ruidos del tren, de motores de explosión, de carrozas y de muchedumbres vociferantes, que volviendo a escuchar, por ejemplo, la “Heroica” o la “pastoral”. Russolo no fue el único grande de la historia del arte en utilizar el elemento del ruido, no podemos olvidar a John Cage o a los integrantes del movimiento Fluxus.
Francisco López (Madrid, 1964) es reconocido internacionalmente como una de las figuras más relevantes de la música experimental y del arte sonoro. Los espacios en los que este artista suele presentar sus trabajos son salas de concierto de todo tipo, lugares industriales en desuso y sitios poco habituales para estos acontecimientos, como en el túnel del metro de Atenas o en un depósito de agua subterráneo en Melburne. Así presenta su SIN TÍTULO # 223 en la azotea del edificio Nouvel del museo Reina Sofía. El espacio en si ha sido determinado por la búsqueda de un espacio neutro e íntimo, fuera de los espacios expositivos habituales, donde lo visual no distorsionara o desconcentrara el material sónico: Un corredor hermético con aspecto de túnel-nave y construido con materiales sencillos de contrachapado.
Todo esto esta extraído del panfleto publicitario del museo. Ahora empiezo la parte personal y critica: Nada más subir a la azotea del edificio Nouvel te das cuenta de la sencillez de la entrada al espacio, solo una cortina nos indica el paso y sabemos de ella porque justo enfrente tenemos a una vigilante del museo y un cartel que indica el nombre de la obra y la duración aproximada de la pieza sonora, unos 15 minutos si mal no recuerdo.
Al abrir la cortina sorprende la oscuridad y el volumen del ruido o música experimental que nos encontramos. Un pequeño pasillo nos lleva a la nave principal de no más de diez metros cuadrados. En esta sala todo parece retumbar, el volumen de la música hace que los materiales de la estructura vibren al unisonó aportando también su musicalidad. Unos focos intercalan luces moradas en los laterales, es un morado oscuro nada luminoso.
Mi primera impresión al contemplar esta obra es la de estar en una discoteca, en concreto me recordó a los espacios comunicadores del club Tresor de Berlín. El bombo atronador, las paredes limpias y grisáceas, la oscuridad y la luz morada.
No pienso que sea una obra espectacular pero si contemporánea, representativa de un mundo urbano postindustrial, en el que el ruido y la música, el trabajo y el ocio, el arte con mayúsculas y sin ellas se mezcla a toda velocidad.
A falta de un movimiento o corriente cultural predominante corresponde a cada uno de nosotros el interpretar la obra de Francisco López como arte o no. Para mi es una cosa curiosa y atractiva que ya es bastante, con un espacio y un sonido similar al que podemos encontrar en muchas de las ciudades de hoy en día, desde Berlín a Madrid pasando por Paris. El arte de la nueva cotidianidad, el arte de la calle. El arte vivo.
Realmente todo esto no es tan nuevo, ya en 1916 en la planta superior de un teatro de Zúrich se experimentaba con las últimas tendencias artísticas entre licores y carcajadas. Fue el inicio del Cabaret Voltaire lugar de encuentro de dadaístas y surrealistas. Con el mismo nombre un grupo de chicos ingleses creo en 1973 una banda de rock muy ruidoso y machacante para la época. ¿Nueva cotidianeidad? Juzguen ustedes.

Carlos Nistal
 
Publicado el 26 de octubre de 2020 a las 02:20 horas. | Imprimir
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