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Monet y la abstracción
Julia María Carvajal
Museo Thyssen Madrid hasta mayo 2010
Monet y la abstracción
El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, hasta finales de Mayo de 2010, presenta la exposición “Monet y la abstracción”. Tras la segunda guerra mundial este gran impresionista desarrolla su pintura alejándose de lo figurativo, el deseo de captar la instantaneidad le lleva a desdibujar llegando casi a la abstracción, hecho que queda patente en los etéreos paisajes y las representaciones de su jardín de Giverny, donde pasó los veinte últimos años de su vida, “El jardín de agua”, como se acabó conociendo a este lugar de su casa en Giverny, ya que Monet amplió el estanque que había, procedente del rio Epte, triplicando su tamaño, fue para el artista, remanso de paz y fuente de inspiración. Junto con la luz, la otra obsesión de Monet, era reducir a lo esencial los objetos pintados, lo que le conduciría a abandonar en gran medida la figuración.
Sobre el agua del estanque, en su jardín de Giverny, Monet puso como motivo ornamental nenúfares, que darían origen a su famoso cuadro, pintado entre 1916 y 1919 “Les Nynpheas”(“Nenúfares”), aunque en realidad realizó más de sesenta cuadros con el mismo tema. En esta época también pinto “La catedral de Rouen”. Las mejores obras las produjo desde 1915 hasta 1923, a partir de 1926, año de su fallecimiento se trasladaron al Museo de L´Orangerie de París, allí permanecieron prácticamente olvidadas, hasta que en los años cincuenta los artistas que formaban parte del movimiento pictórico abstracto, se empeñaron en sacarlas a la luz y valorarlas como se merecían.
Claude Monet (París 14 de Noviembre 1840 - Giverny 5 de Diciembre 1926). A los quince años ya tenía fama de caricaturista entre los ciudadanos de Le Havre, donde residía con su familia desde los cinco, hacía caricaturas cobrando veinte francos por cada una de ellas. A los diecisiete, su madre que también poseía talento artístico, falleció, lo que supuso un duro golpe para el joven artista. Su tía, pintora aficionada y esposa del pintor Gautier, le apoya cuando decide abandonar el Instituto para dedicarse en exclusiva a la pintura, en contra de la opinión de su padre. Se traslada a París en 1859, acude a copiar al Museo del Louvre, toma lecciones de dibujo, e ingresa en la Academie Suisse, donde los alumnos gozan de absoluta libertad y trabajan con modelos vivos, conoce al pintor impresionista Pisarro, entablando con él una gran amistad. Más tarde toma contacto con los artistas realistas en la Brasserie des Martyrs, donde estos se reunían, y se ve obligado de nuevo a hacer caricaturas para poder sobrevivir. Conoce a Coubert, cuya obra le impacta profundamente. En 1861 le envían a Argelia a cumplir el servicio militar, allí contrae el tifus y le permiten regresar a Le Havre, la ciudad que inspiró las marinas que plasmaba en sus lienzos, cuando se recupera, su tía paga una cantidad considerable de francos para que no tenga que volver al ejército, con la condición de que siga estudiando y pintando en París. Otra vez en la ciudad de la luz, conoce a Sisley y a Renoir con quien comparte muchas horas pintando al aire libre en el bosque de Fontaineblau.
El éxito le llega en 1866 con su obra “Desayuno en la niebla” que se expone en EL salón de Honfleur y “Camille o la dama del vestido verde”, obra para la que posó la modelo que se convertiría en su esposa. En 1867 su cuadro “Mujeres en el jardín” provoca la crítica negativa de Edouard Manet, que años más tarde sería uno de sus mejores amigos, ese mismo año nace su hijo, surgen los problemas económicos, que le perseguirían la mayor parte de su vida, intenta suicidarse, Renoir acude en su ayuda y le presta lo necesario para el sustento de él y de su familia. En esta época de penuria su mente creadora trabaja sin descanso, sus pinceladas descomponen los objetos convirtiéndolos en manchas y trazos de color.
Para evitar verse envuelto en la guerra franco-prusiana, viaja a Inglaterra, se queda seis meses en Londres, ciudad en la que conoce a Turner, a quien ya siempre admirará y a Constable, durante su estancia londinense visita Museos continuamente, pero no pinta.
En 1871 instala su “batteau-atelier” (barco-taller) en el Sena, en París, para pintar las márgenes del rio. En 1872 participa en la Exposición de Beaux-Arts en Rouen, nace su segundo hijo, y tanto este año como el siguiente son los del mayor reconocimiento y venta de obras del artista. En 1874 expone junto con Renoir en el estudio del fotógrafo Nadar, en la muestra destaca “Impresión, sol naciente”, la obra que le daría fama mundial y nombraría a un grupo de artistas que ha pasado a la historia del Arte, los impresionistas. Sin embargo en 1875 participa en una subasta con otros pintores, a la que aporta veinte cuadros, pero el resultado es un fracaso, lo que le devuelve a la ruina económica al punto de que sus amigos Manet y Zola intervienen para librarle de los embargos. Los años 1877 y 1878 son los de las exposiciones conjuntas con los artistas del grupo impresionista del que forma parte. En 1879 muere su esposa lo que cambiará su vida radicalmente. Al año siguiente se produce la ruptura de los impresionistas como colectivo, propiciada por Renoir, Sisley y Cezanne, que son los primeros en abandonar la asociación. Desde el año 1882 hasta 1885 Monet trabaja en la decoración de la casa del marchante Durand-Ruel. Descubre Giverny, participa en las Exposiciones Internacionales de 1886 y 1887, y en 1889 su fama se consolida con los elogios de crítica y público que obtiene en la exposición en la que exhibe sus obras junto con las de Rodin. Los años que transcurren antes de instalarse definitivamente en Giverny, son un ir y venir constante exponiendo y pintando, Londres, Noruega y sobre todo Holanda, país que le fascina por sus paisajes. A partir de 1904 solo saldrá de su adorado jardín japonés de Giverny para viajar a Madrid y visitar el Museo del Prado donde quiere ver la obra de Velázquez.
Ahora el Museo Thyssen-Bornemisza expone los trabajos de Monet, junto con artistas representativos de la abstracción, como Pollock, De Kooning, Twombly, Rothko, Turner, Frankenthaler, y Joan Mitchell, entre otros. A pesar de que Claude Monet no es en esencia un pintor abstracto y que ha pasado a la historia del Arte con su obra “Impresión, sol naciente” como el fundador del impresionismo, en esta muestra se le rinde un homenaje por su influencia en los artistas de las vanguardias del siglo XX, y se analizan las obras que más cerca están de la abstracción, producto de su evolución artística y de su libertad creadora. Es interesante comprobar, en la exposición, el diálogo que se establece entre los lienzos de los distintos artistas con los de Monet , en los de Twombly, se pueden distinguir estanques claramente inspirados en los que pintó Monet, manchas informes, flotantes, que recuerdan inmediatamente a los nenúfares del artista francés, en la obra de Rothko “Sin título”(1969) con la de Monet “Puesta de sol en Etretat”(1883), en la de Frankhenthaler “Lorelei” (1957) con la de Monet “El estanque de nenúfares” (1917), en el caso de Turner la influencia es reciproca, Monet en su etapa londinense, donde la admiración por el pintor inglés y la niebla característica de Londres propiciaron el acercamiento a la técnica abstracta, la pone de manifiesto en su obra “El puente de Charing Cross”, (1899) comparada ésta con el lienzo de Turner “Vista de Venecia”(1840). El jardín de Giverny se convirtió en lugar de peregrinación para algunos artistas, después de morir Monet, una de ellos, la estadounidense Joan Mitchell, inmersa en el expresionismo abstracto, que admiraba profundamente a Monet, acusa una marcada influencia del maestro en sus obras, destacando “Tilo” (1978) frente a “El sauce llorón” (1920) de Monet, en opinión de la comisaria de la exposición, Paloma Alarcó, de todos los pintores que componen la muestra, es la que más de cerca sigue la estela del artista.
Claude Monet partió para siempre de su soñado jardín de Giverny en 1926, su legado pictórico es excelso, su reconocimiento como maestro de maestros universal, pero creo que su mayor aportación al Arte se resume en una de sus frases: “El motivo es para mí del todo secundario, lo que quiero representar, es lo que existe entre el motivo y yo”.
Julia María Carvajal
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