Charles Chaplin estuvo nominado por primera, única y última vez al Oscar como mejor actor por su maravillosa doble interpretación de barbero judío (a lo Charlot) y Astolfo Hynkel (Adenoid Hynkel en la versión original), dictador fascista, racista y demás -istas de Tomania en ‘El Gran Dictador’ (que también obtuvo la nominación al mejor guión original). ¿Cualquier parecido con la realidad fue pura casualidad?. Ni mucho menos; esta película es mucho más que una mera parodia de lo que estaba sucediendo a final de la década de los 30 en el Mundo entero: es una declaración de los derechos humanos, que estuvo prohibida en nuestro país hasta 1976.
La historia nos cuenta (recordemos que en el año que se grabó, 1940, todavía vivía Hitler) las aventuras y desventuras de un barbero judío que combatió con el ejército de la mencionada Tomania en la 1ª Guerra Mundial y por casualidad salva la vida de un importante oficial que viaja en su avioneta (la vida da muchas vueltas), pero por desgracia sufre un accidente que le hace perder la memoria durante veinte años. Un buen día, al escaparse del hospital y volver a abrir la barbería que años atrás dejó en el Ghettto su sorpresa es que los tiempos han cambiado. Ahora el país está gobernado por el dictador Astolfo Hynkel (de asombroso parecido físico con nuestro protagonista); el ansia de poder del gobernante que pretende gobernar el Mundo, el incipiente dominio de la raza aria sobre las demás y la persecución que sufren los judíos es brutal... les suena esta Historia.
Según declaraciones del propio autor años después del estreno del film (que fue prohibido en la Europa ocupada por los nazis): si hubiese sabido de la terrible tragedia que fue de verdad la II Guerra Mundial, la crueldad con que los seguidores del líder fascista aplicaron sus brutales teorías racistas y el sufrimiento que se vivió en los diferentes campos de concentración, jamás hubiera hecho una comedia como ‘El Gran Dictador’ sobre este tema (Adolf Hitler –recordemos que Chaplin afirmó que el dictador copió el bigotito de su personaje de Charlot- se hizo traer una copia de la cinta para un pase privado). ¿Qué pasaría por la cabeza de Hitler al visionar la película?.
Que mejor manera que acabar este artículo con la escena final en la que el barbero judío es confundido con el gran dictador: mientras todos esperan que proclame el incipiente triunfo de Tomania sobre Austerlich y el comienzo de la invasión del Mundo entero, Chaplin, en plano secuencia, nos brinda con este discurso... uno de los momentos más memorables de la Historia del Cine. Disfrútenlo:
"Lo siento, pero no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos.
El camino de la vida puede ser libre y bello, pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.
El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”.
La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás.
¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; decidles lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir! Que os obligan a hacer la instrucción, que os tienen a media ración, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!
¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!
En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo tenéis el poder, el poder de crear máquinas. ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.
Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. ¡Pero mienten! No han cumplido esa promesa. ¡No la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos!".
Un canto a la Paz Mundial.
Publicado el 1 de agosto de 2008 a las 00:00 horas.
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