De inmediato, la película acababa de empezar, me envolvió el olor, la oscuridad, y el rumor del Cine; me sentí transportado por la oscuridad, el zumbido del proyector, el bisbiseo del público que abarrotaba la coqueta sala, a una época remota y olvidada. El acomodador que me precedía, de uniforme, haciendo parpadear su linterna entre las butacas, me condujo hasta la primera fila. |