Una tarde de domingo, entre sobras de comida, vasos vacíos y una mesa despojada de su milimetrada composición, me quedé conversando con ella. Nunca se separó de mi lado desde hacía ya semanas, pero me brotaba esa sensación placentera de querer mirar y conversar. Como si no la hubiese visto en muchos años. Mi primer día en casa, y necesitaba de su tono de voz, sereno y cercano... |